¡Feliz celebración, querida comunidad de poder, magia y conocimiento ancestral!

¡Feliz celebración, querida comunidad de poder, magia y conocimiento ancestral!

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Nuestra magia es nuestra resistencia.

Nuestra magia es nuestro reclamo de poder.

Nuestra magia es nuestra comunión con los Ancestros.

Nunca más escondidas.

Nunca más silenciadas.

No somos las nietas de las brujas que olvidaron quemar.

Nuestras abuelas nunca permitirían que eso pasara.

Halloween, Samhain, Noche de los ancestros, La fiesta blanca, La Festa Dell’ Ombra… tantos nombres para una fecha que nos trae de regreso la memoria de nuestros queridos muertos; la consciencia de que unas longevas y profundas raíces nos nutren desde el principio de los tiempos. Época que nos devuelve también la nostalgia de los largos días oscuros que anteceden al invierno y la angustia de sentirnos vulnerables, efímeros, mortales al fin y al cabo.

Tiempo de cosechas, de lunas brillantes como crisantemos, de calabazas cuyo interior resguarda tímidas luces que guían a los espíritus en esta noche.

Este es el gran banquete mágico donde la Diosa, en su faceta de Bruja anciana o Parca, pone a la mesa las osamentas de nuestros antepasados, como frutos deliciosos de la tierra, para recordarnos que la vida se alimenta con la muerte, y que ésta siendo umbral representa la más infinita de nuestras posibilidades, la única certeza en este mundo.

La Anciana, quizá frágil y siniestra a primera mirada, pero siempre sabia y magnánima, nos enfrenta a nuestros terrores más íntimos a través de espectros y monstruos, de sepulcros abiertos que reclaman nuestros restos, para hacernos entender que todos debemos recorrer parajes solitarios, inhóspitos y lúgubres para alcanzar el renacimiento.

Que nuestros corazones deben experimentar el luto al igual que el regocijo en un ciclo sin fin. Y que cada emoción tiene su valor, su aprendizaje.

Su poder, su contribución en el balance. Hoy recordamos la promesa de la Anciana: El descenso y la decadencia no anularán nuestra existencia. Todo se transforma.

Este es un tiempo para dar la bienvenida en casa a todos los que han cruzado el velo. A aquéllos por quienes lloramos un día, lamentando su ausencia física. Nuestro reencuentro con ellos nos hará más reflexivos, menos solitarios.

Este es un tiempo para despedir lo que ha muerto dentro de nosotros y prepararnos para las cosas venideras. Somos seres que han nacido para la eternidad. Somos seres de fuego y de cenizas, de luz y sombras. Somos una fascinante repetición de la muerte que se convierte incansablemente en vida una y otra, y otra vez.

Que sea para ustedes un muy bendecido festival de la última cosecha, un poderoso año nuevo para nosotras las brujas.

Asun Vidal.

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